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Paternidad y aprendizaje

Dar vida a un ser, a la edad y bajo las condiciones que sea, es la cúspide de una gran ilusión, un acto de amor y sobre todo, una gran responsabilidad que nos acompañará el resto de la vida.

Esta enorme misión, trae consigo retos, metas por cumplir, alegrías que te llevan hasta las lágrimas o la dolorosa sensación de impotencia porque la fiebre no baja.

Sí, los hijos/hijas son una bendición, pero en este nuevo siglo digital donde el tiempo vuela, el amor escasea y el futuro se ve más incierto, somos los padres y madres, quienes tenemos la responsabilidad de abonar la buena semilla.

Personalmente, trato de transmitir a mi hija todos aquellos conocimiento que a mi me han sido de utilidad en la vida; en ocasiones me afano porque escuche buena música, sepa hacer un dibujo limpio o que los pancakes le queden bien.

Lo que aprendí y acepté es que ella no es mi clon, que mis tiempos no son los suyos y sobre todas las cosas, que es el ejemplo correcto y el generar espacios de comunicación franca y abierta, lo que a ella le ha dado la confianza de decirme con respeto… «Papi, tu música no me gusta» o de preguntarme «¿Papi qué es un hermafrodita?».

Ligado a esto, hay que entender también que su infancia no es para vivirla en una burbuja de sobreprotección o por el contrario, de no tener reglas o límites claros, lo que trae consigo las consecuencias que vemos, como vivo ejemplo de la falta de verdadero afecto y estructura.

Nuestros hijos e hijas mañana vivirán sus propias experiencias y el mundo laboral, económico, cultural o amistoso no será condescendiente con ellos, por esto más que sofocarnos por que el boletín sea 5.0 de arriba a abajo, estemos mas pendientes de prepararlos para la vida.

Paz y bien.

Abdiel Barranco C.
PD. Qué sabia mi madre, que siempre me dice «Aprende, que no te voy a durar toda la vida»

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