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Educar o Formar

El verano finaliza para los niños y jóvenes, con el inicio del año escolar; recuerdo que era emocionante el domingo previo, porque lustraba mis zapatos, tenía la camisa blanca y el pantalón azul bien planchaditos, mi pañuelo en el bolsillo, la correa enrollada y la misma maleta del año anterior con algunos cuadernos de doble ralla y el de cuadritos para aquella materia innombrable.

De los años de escuela, el que más recuerdo con una sonrisa en el rostro, es el Kínder; tuve una maestra apellido Horna, quien nos ponía a jugar con palitos y rueditas de madera, con las cuales hacía edificios, carritos y naves espaciales, sin darme cuenta que estaba desarrollando mi creatividad y habilidades motrices finas, así como al contar frijoles, cambiándolos de envase o haciendo y pegando bolitas de papel crespón.

De ahí en adelante, a pesar de que tuve maestras y profesoras de excelencia como Bielsa de Guerra o la Profesora Eugenia de García en el colegio, mis doce años de EDUCACIÓN fueron un intento de amoldar mi mentalidad y alma, a un sistema que, según la RAE, en su verbo transitivo, trata de EDUCAR por medio de “Dirigir, encaminar, doctrinar”.

Por lo que mi aversión a la escuela poco a poco fue creciendo, ya que sentía que, en vez de impulsarme a adentrarme en las cosas de la ciencia, la invención, el desarrollo creativo, el dibujo y las artes, me obligaban a entrar a una caja cuadrada y rígida, donde no era permitido expresar lo que sentía o aprender lo que me hacía feliz.

En esos años no entendía muchas cosas, pero en una ocasión, ya en sexto año, vi llorar a una niña, que desconsolada le decía a su mamá “Es que no entiendo” por lo que me agache y le pregunte que le pasaba y me dijo “es que no se cuanto es 2 + 3…” eso me hizo recordar todos los esfuerzos que mi madre hacía, para que yo entendiera matemáticas y con lagrimas en los ojos, agradezco su paciencia.

Hoy, siendo todo un cuarentón, reconozco en mi hija y en cientos de niños que han pasado por Arckalab, la misma frustración que viví en la escuela, por lo que sin darme cuenta, yo me convertí en la Maestra Horna, aquella que con cariño, canciones y paciencia, nos enseño a SER felices, a disfrutar lo que hacíamos y ahora que lo pienso, ella era maestra de Kínder, ya que en la inocencia de niños y niñas, es donde se mantiene pura la verdadera pasión por enseñar, entendiendo que al salir de su aula, entraríamos al mismo adoctrinamiento, el cual reciben ahora nuestros hijos.

Este es uno de los tantos motivos, por los cuales entendimos que en Arckalab no adoctrinaríamos a niños, niñas y jóvenes, por el contrario nos convertimos en el espacio donde Formamos Ciudadanos para un mejor país, enfocándonos en el SER (Donde radica su verdadera esencia) Recursivo, divertido, creativo, observador y directo, para luego APRENDER (Conocimientos, afecto, amistad, originalidad) para que al HACER ellos y ellas obtengan RESULTADOS (Satisfacción, orgullo, auto estima, responsabilidad y felicidad).

Esto es Arckalab, un espacio en donde todos, niños, niñas, jóvenes y adultos, podemos volver a ser niños/niñas, en donde todos aprendemos y enseñamos, siendo parte activa y propositiva de ese país que tanto anhelamos y que no sabemos cómo ayudar a cambiar.

De corazón, a ustedes Arckapadres y Arckamadres, mil gracias por SER parte del proceso de FORMACIÓN de los ciudadanos, que ayudarán a mejorar el país y cambiar el mundo.

PAZ Y BIEN.

Abdiel Barranco C.
PD. Ya tengo lista mi maleta para aprender, ya que arrancamos el Curso Ciudadanos Globales, el 6 de abril.

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